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Establecer espacios de ocio, mantener buenas relaciones familiares, lograr amistades sólidas... son algunos de los pilares fundamentales que favorecen el bienestar.

 Supera la crisis del añoLas cifras no dejan lugar a dudas: el primer año de convivencia es el más difícil para la pareja. Lee las claves para superarlo.

Causas de la ruptura
Infidelidad, inmadurez, falta de comunicación, problemas añadidos o simplemente una forma distinta de ver la vida y de concebir la palabra compromiso. Son muchos los factores que llevan al desenamoramiento y, aunque no existen estadísticas, los abogados de familia y terapeutas de pareja están de acuerdo: hay tantas causas y crisis como tipos de matrimonio existen. «Hoy en día, el compromiso no está valorado. Muchos piensan ya cuando establecen la pareja que si no les va bien En las separaciones, suele ser la mujer la que da el primer paso. En los divorcios, ambos pueden divorciarse. En los medios de comunicación también hay una trivialización del divorcio. El dolor que conlleva y los problemas con los hijos se ignoran o minimizan y se presenta la separación como la solución definitiva a los problemas de pareja», afirma José Antonio García Higuera, psicólogo y terapeuta de pareja.

Los primeros doce meses, cruciales Hay un antes y un después entre el noviazgo y la convivencia común.
«Es fundamental sentar las bases de reconocimiento entre el ‘yo’ y el ‘tú’, y no entre el ‘yo’ y el ‘otro’
. Es el año de aprender los recursos ante situaciones difíciles y de aprender a crecer juntos y no por separado. A nivel social, es el momento de las relaciones más cercanas con el resto de los miembros de las dos familias, en el caso de que no se produjeran en el noviazgo. Las relaciones familiares y sociales más estrechas y en periodos de tiempo más cortos –celebraciones, por ejemplo– pueden ser detonantes de conflictos si no son bien interpretados y analizados desde el núcleo de la pareja. También empiezan a jugar en la relación elementos que antes no existían, en grado más intenso, como la empatía, la asertividad, la emotividad y otros recursos sociales y emocionales, como la escucha activa o el reconocimiento personal y social de nuestra pareja. Todo ello hace que el proyecto que se tiene en común de cara al futuro a corto, medio y largo plazo pueda verse modificado si no se van culminando y fortaleciendo las metas que se han planificado. Las perspectivas personales y de pareja se ven dañadas si no se saben superar los obstáculos, especialmente los del día a día», asegura la experta.

Signos de alerta
Aunque una crisis de pareja no conlleva necesariamente el fin de una relación, en una inmensa mayoría de los casos actúa como una alarma que advierte de que algo no va bien. Y cualquier pareja, por improbable que parezca, es susceptible de vivir un momento de crisis. «Hay elementos que pueden sugerir futuras rupturas, como cuando los cónyuges notan indicadores de tolerancia o respeto modificados por los ritmos de vida sociales y personales, motivados por el estrés, el trabajo... Una pareja suele separarse cuando al menos uno de sus miembros ya no puede más, es decir, que sus recursos –sociales, personales y emocionales– se encuentran al límite», explica Fernández Nevado. Según los especialistas, el mejor remedio es buscar soluciones antes de que sea demasiado tarde. «No se nace sabiendo cómo relacionarnos y crear una pareja. La construcción de la pareja no acaba con el matrimonio y por eso, cuando las discusiones se hacen frecuentes o se nota una escalada en la indiferencia por parte de uno o de los dos miembros de la pareja, acudir a un psicólogo puede ayudar a cambiar o a aceptar lo que está ocurriendo», afirma García Higuera. T

Terapia y mediación
Ante la avalancha de conflictos conyugales, la terapia de pareja se ha convertido en un potente aliado y, a veces, en el último recurso para intentar mantener a flote la unión matrimonial.

Cuando ya no hay remedio, la mediación familiar también supone una ayuda. «A la terapia familiar o de pareja se acude cuando se ha optado por la separación o el divorcio. La facilidad de llegar a acuerdos mediante mediaciones en la tramitación de las rupturas de pareja, creando climas más positivos para las futuras relaciones de los miembros de esas ex parejas, contribuye a mejorar el clima de tan duro trance y, por tanto, a no ver el proceso de ruptura de manera negativa y batalladora», opina Fernández Nevado. Aunque el divorcio es, para más de uno, una dolorosa liberación, casi todos intentan evitarlo. «Es bueno que exista, pero lo mejor es que no se dé. Para ello hay que prepararse para vivir en pareja y luchar por ello con cabeza, resolviendo los problemas que aparecen y estando dispuestos a aceptar al otro. A veces hay que aplicar el lema: si quieres que alguien cambie, cambia tú», opina García.

A pesar de todo, son pocas las parejas que recurren a un experto cuando ven que las cosas no van bien, ya que la mayoría todavía es escéptica a intervenciones exteriores.
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