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Lo ideal es consumir los mariscos frescos, recién comprados; pero si los compras unos días antes de comerlos debes congelarlos. Para ello es imprescindible cocerlos previamente. El día que vayas a tomarlos sólo tienes que sacarlos del congelador y esperar a que se descongelen. Verás cómo no pierden apenas el sabor que tendrían frescos y además estarán listos para tomar. 06/03/2007
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