Para muchos, un arma de poder vinculada a la magia y a la videncia

El poder de los espejosDesde la Antiguedad y debido al temor de los hombres a lo desconocido, los espejos han sido armas de poder vinculadas a la magia y a la videncia. Rara es la cultura en la que no encontremos leyendas o historias más o menos reales relacionadas con un espejo mágico. De hecho, el arte de adivinar a través de los espejos, la cataptromancia (del griego kátoptron, espejo), es muy antiguo y se remonta a la época en la que ni siquiera existían espejos tal y como hoy los conocemos, y se utilizaba el reflejo en el agua o en las pulidas superficies de piedras o metales. Fueron muy usados en las civilizaciones griega, egipcia, etrusca y romana. Se fabricaban siempre con metal bruñido (generalmente plata o bronce) y tenían forma de placa redonda u oval, decorada ordinariamente con grabados o relieves mitológicos en el reverso.

Un arma de poder

Así, desde las vestales griegas en los templos hasta los ilusionistas y espiritistas decimonónicos, pasando por los hechiceros celtas, los alquimistas medievales o los nigromantes del Renacimiento, todos han tenido en los espejos sus mejores herramientas de trabajo y, por qué no decirlo, de poder. Las leyendas y supersticiones (muchas de las cuales han llegado hasta nuestros días) reflejan una unión definitiva e indisoluble entre el alma y los espejos:

? En el siglo VI antes de Cristo, los griegos iniciaron esta práctica de adivinación con espejos empleando unos cuencos de cerámica llenos de agua. Se suponía que este cuenco lleno de agua (luego llamado miratorium por los romanos) revelaba el futuro de cualquier persona cuya imagen se reflejara en la superficie. Los pronósticos eran leídos por un “vidente” o chamán y si uno de estos cuencos se caía y se rompía, éste interpretaba inmediatamente que la persona que sostenía el cuenco no tenía futuro, es decir, que no tardaría mucho en morir, o que su futuro inmediato le reservaba un acontecimiento desastroso que los dioses, amablemente, querían evitar que viera haciendo caer el agua.

? Cuenta la leyenda que en la antigua China cuando alguien estaba en su lecho de muerte su familia cogía su abrigo o una prenda de ropa que utilizase el enfermo normalmente y le cosían un espejo. Luego lo montaban sobre un palo o caña de bambú, lo llevaban por toda la casa llamando al alma que estaba a punto de abandonar el cuerpo para que entrase en el espejo y si lo hacía, el enfermo recuperaba la salud. En Occidente también se creía que el alma de los muertos podía quedar atrapada en los espejos, pero que, además, podía llevarse con ella el alma de algún vivo. Parece ser que de ahí viene la costumbre de tapar con sábanas los espejos en casa de un moribundo.

? Los aztecas utilizaban el reflejo del agua (como si de un espejo se tratase) para defendersedefenderse de almas malas o espíritus demoníacos. Lo hacían colocando en la puerta de la casa un recipiente con agua y un cuchillo en el fondo. Así, si el espíritu maligno intentaba entrar en la casa debería pasar inevitablemente primero por el recipiente y, al verse reflejado con la daga o cuchillo atravesando su imagen, huiría.

? Para los romanos, dentro de los espejos habitaban las almas, por eso creían que cuando alguien rompía uno las almas de su interior enfadadas utilizaban todo su poder contra esa persona y le traían la mala suerte. Lo de que esa mala suerte durase siete años era porque creían que la fortuna se regía por ciclos de siete años (siete años de vacas gordas y siete años de vacas flacas).

? También se cuenta que como los primeros espejos fabricados en la Venecia del siglo XV eran muy caros (eran de cristal con el dorso revestido de plata) las dueñas, para evitar que se los rompieran, advertían a los criados que un espejo roto equivalía a siete años de mala suerte. Cuando, a mediados del siglo XVII, empezaron a fabricarse en Inglaterra y en Francia espejos más baratos, la superstición del espejo roto estaba ya extendida y firmemente arraigada en la tradición.

? En España existen leyendas que vinculan los espejos con la noche de San Juan. Una, cuenta que esa noche las doncellas vírgenes pueden ver en un espejo reflejada la cara del hombre con el que se han de casar. Deben cubrirlo primero con un paño y al descubrirlo verán el rostro de su futuro marido. También pueden verlo reflejado en un barreño con agua de lluvia, siempre que esa noche haya luna llena. En la tradición anglosajona de esta leyenda, la muchacha, además, debía comer una manzana roja y cepillarse el pelo a medianoche frente al espejo.

 

Por: Cristina Enriquez

 

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