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Corta el pan que te haya sobrado del día anterior en rebanadas finas, rocíalas con limón y ponlas en remojo en un plato con leche; luego, unta un molde con mantequilla y ve colocando el pan en capas alternas, separadas por una fina capa de miel y mantequilla. Mételo un ratito al horno y verás en qué exquisito dulce se han convertido tus restos de pan duro. ¡Te encantará! 06/03/2007
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