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En el camino de la vida en pareja hay tiempo para todo. Para días de vino y rosas y para periodos de fricciones. En las etapas malas lo importante es no mirar para otro lado y actuar.



Soluciones a los 7 conflictos más comunesEs todo un mundo complejo. Pero ahí está su riqueza. Vivir en pareja conlleva encuentros, desencuentros... y crisis. Si se atiende a las carencias que hay tras una crisis, pueden solucionarse y servir de 'reacción', de toma de contacto con el otro y con uno mismo. Aquí, de la mano de grandes expertos, hacemos un recorrido por las siete más habituales, buscando el reencuentro.


1. De mala a buena comunicación

«A veces hay parejas que tienen tanta frustración y dolor que parece que sólo pueden chillar y recriminar al otro, y si a uno le recriminan, no tiene capacidad de escucha». Así de acertadamente describe Joan Garriga, psicólogo especialista en pareja, algo muy frecuente y que es la columna vertebral de todos los conflictos de pareja. Habitualmente la mala comunicación está asentada en ciertos 'anclajes'. «Éstos pueden ser un arqueado de cejas o un cruce de manos. Y ese simple gesto puede disparar en el otro una serie de reacciones acusadoras».

Para entenderse habría que empezar por «deshacer esos anclajes; hay que buscar dónde está la herida..., dónde está el hecho real. Tal vez proviene de un hecho de fuera del espectro de la pareja», continúa Garriga. Es decir, el origen puede ser un dolor latente, propio de nuestra trayectoria personal. Por eso, debe ser rotunda la honestidad con uno mismo y la igualdad entre ambos ; algunos parecen esperar 'demasiado' de una relación. «La pareja es igualdad y no un 'padrecito' o una 'madrecita'». Es unión de iguales 'viva'. Por eso hay que expresarse, hablar, y no sólo de lo positivo. ¿Cuántas veces no se enfrenta lo negativo y se crea un problema encallado en una emoción no 'atendida' en su momento?

«En la comunicación es necesario expresar los sentimientos negativos. Nunca como un arma, un castigo o para culpabilizar, sino más bien para acercar distancias, para sanar y favorecer la confianza», afirma por su parte el psicólogo Juan José García García. Hablar sin recriminar desde el 'yo siento', no desde el 'tú me haces' y dando cabida al humor, que libera tensiones, une e iguala.


2. Hacer el amor es más que el coito

Cada pareja tiene su propia manera de vivir el sexo, pero esta forma ha de ser satisfactoria para ambos. La sexualidad, bien entendida, es la forma de comunicación más íntima y en ella la entrega y el cuidado a uno mismo y al otro son el fundamento básico para sacarle toda su potencialidad como herramienta de gozo y encuentro.

Soluciones a los 7 conflictos más comunesGran parte de los problemas que origina el sexo en la pareja se deben a la cosificación del otro (utilizarlo para el propio placer sin más), a entender la genitalidad como el factor determinante y a la falta de sinceridad a la hora de expresar qué se desea y qué no. Suele olvidarse que, en una pareja, los dos miembros son fuente de placer para sí mismos y para el otro, y que de esta premisa ha de nacer el respeto y el acuerdo.

Cosme Puerto, sexólogo, dice: «Hacer el amor es mucho más que la suma de unos coitos y técnicas sexuales. Es una experiencia amorosa, sensual, sexual, además de genital, que afecta a toda la persona, a todo el cuerpo. Las personas amorosas y sensuales resultan mejores amantes tanto para su pareja como para ellos mismos». Pero ¿cómo retomar el contacto con la sensualidad? Puerto dice: «Reavivando los cinco sentidos, uno a uno, y propiciando en pareja una conexión más profunda entre lo afectivo y lo sexual de cada uno. Algo que requiere escuchar los ritmos sexuales del otro, sus necesidades, y que no elude, sino que subraya, dedicarle tiempo», finaliza.


3. Ser fiel tras la infidelidad

Es uno de los problemas que ocasiona más rupturas. Y, precisamente por eso, deberíamos ser honestos y cuestionar si no se sobredimensiona. Sobre todo cuando la sexualidad, como nos recuerda el sexólogo José Luis Beiztegui, «posee tres dimensiones: reproductiva, relacional y recreativa». Es decir, hay que abordarla en toda su complejidad: «No se puede mezclar y confundir la 'infidelidad sexual' con la 'infidelidad afectiva'. El término infidelidad ya de por sí es un vocablo envenenado. Yo me pregunto: ¿acaso no puedo sentir a mi pareja como fiel aun sabiendo que ha mantenido relaciones eróticas con otras personas?».

La clave está en el significado que se le dé, algo que la pareja debe establecer, y no en los cánones sociales, con su carga moral y desligitimadora. Para ello, Beiztegui propone «la buena comunicación. Sin límites, prejuicios, tabúes o terrenos vedados dentro de la pareja. Es la única manera de saber las necesidades del otro y de medir el grado de salud en que gravita el sistema de la pareja».


4. ¿Ingresos desiguales? Crear un fondo común

Soluciones a los 7 conflictos más comunesLa economía, nos guste o no, suele ser otro factor de conflicto. Victoria Cadarso, terapeuta de pareja, afirma: «La crisis surge no por la falta de dinero, sino por la falta de acuerdo en cómo manejar el que hay, mucho o poco». Y ahí está la solución nuevamente: en el acuerdo y en hablar. «El dinero también forma parte de la comunicación, muchas veces evitamos hablar de él porque nos parece mal o 'demasiado material', pero es muy importante tratarlo abiertamente». Por ejemplo, el paro –que tanto peso tiene sobre la economía– puede desgastar a la pareja si se toma como un fracaso o derrota. Así, suele suponer falta de autoestima, inseguridad..., y las comparaciones con el otro no tardan en aparecer.

«Debido a nuestra cultura patriarcal, los hombres basan gran parte de su autoestima en el trabajo, mientras que las mujeres lo hacen en otros valores además de en éste. Por eso, si es el hombre el cabeza de familia y quien se queda sin trabajo, las fricciones serán casi inevitables. La forma de paliarlo es llevar la casa como si fuera una empresa, con su presupuesto consensuado por ambas partes», explica. ¿Por qué? Una empresa requiere de todos sus miembros (se trabaje fuera de casa o no) para funcionar. No hay un rol más importante que otro: son necesarios para que salga a flote.

Y lo mismo ocurre si uno gana más dinero que el otro: «La diferencia de ingresos es lo más común entre dos personas con distinto trabajo. El problema está en cómo se percibe esta diferencia. Por suerte o por desgracia, vivimos en una sociedad que suele equiparar dinero con valía... Pero una manera concreta, real y práctica de acabar con las desigualdades que el dinero suele propiciar entre la pareja –establecer la relación entre un 'fuerte' y un 'débil'– consiste en hacer un fondo común en el que ambos aporten la misma cantidad para gestionar el hogar y mantener la independencia con el resto».


5. Tres pasos frente a la apatía

Desgaste por la convivencia, aburrimiento, falta de energía para hacer cosas que diviertan... La apatía es una de las crisis que 'aparece sin aparecer'; es decir, se hace notar en su falta de problemática, en un 'dejarse llevar o arrastrar'. Algo muy frecuente en esta dinámica es culpar al otro, pero aquí hay que clarificar: «Si uno siente apatía no es que el otro se la produzca, sino que el comportamiento que ambos tienen resulta monótono y tedioso. La rutina no mina, la pareja no mina, lo que agota es cómo se percibe lo que está pasando y eso es lo que hay que cambiar». ¿Cómo? Pues aunque sea más fácil decirlo que hacerlo: transformando el día a día. «Porque 'donde hubo se retuvo', en vez de traer memorias negativas hay que alentar las positivas y construir desde ahí. Donde todavía existe amor hay que aprender qué podemos hacer para que la pareja reviva».

A este respecto, de modo esquemático podríamos destacar tres pasos:

1º. Que la pareja establezca un objetivo con precisión (seguir siendo felices y alegres juntos, por ejemplo).
2º. Que cada uno explique qué le haría feliz hacer con su pareja, a corto, medio y largo plazo (y qué lo impide hasta la fecha). 
3º. Como para que una relación funcione la persona ha de funcionar, es vital que cada uno sea feliz consigo mismo.


Revisar quiénes somos y 'actualizarse', 'tomarse el pulso a uno mismo' e incluso reivindicarse: «Se trata de aprender a hacer cosas que te agraden a ti como persona y que luego puedas compartir. No hace falta hacer todo juntos; darse espacio ayuda al reencuentro y regenera la relación». De ahí, de ese oxígeno que se 'toma en solitario', puede llegarse a ser consciente de dónde se está como pareja, de qué hay que revisar; sin acritud, sin cargar las tintas ni culpabilizar, sino sintiéndose bien, a gusto con uno mismo. Esta tríada es el mejor punto de partida para recomenzar a hacer cosas juntos que reaviven a la pareja.


6. La familia con hijos: cosa de dos

Puede decirse que en ellos, se quiera o no, hace resonancia la salud de la pareja. ¿Por qué? Porque es un elemento en constante relación con ella pero que, sin embargo (y aquí se vislumbra ya un problema común), no la 'constituye'. Un hijo nunca puede ser la solución a una crisis de pareja, porque, antes de nada, 'no es la pareja', sino alguien que se suma a ella. La preocupación rayana en la obsesión por ellos, su falta cuando se desean y no pueden tenerse, el síndrome del nido vacío, utilizarlos (sea inconscietemente o no) para manipular al otro... En fin, los problemas que giran en torno a los hijos son diversos y siempre perjudiciales y tristes.

Por el peso que puede tener sobre ellos (máxime si son menores), hay que ser muy escrupuloso con uno mismo y las propias emociones: la honestidad y sinceridad debe ser la piedra de toque. Los hijos son 'esponjas' frente a las formas de comportamiento de los padres y, dentro del esquema de vida que se les abre, tienden a reproducirlas confiados en su validez y corrección. Así, cuando la pareja se sirve de ellos para influenciar al otro, Juan Diego Mata Chacón, mediador de AMEFA, dice: «Lo que normalmente ocurre en estos casos es la falta de valor de los padres para tratar sus problemas de manera directa y necesitan un medio, el menor, para hacer llegar su mensaje al otro. Hay que tener mucho cuidado, pues el menor pronto aprende esta técnica y pasa a ser sujeto activo, de tal modo que aprende a utilizar a sus padres para lograr sus intereses y se puede crear una dinámica muy difícil de abandonar y tratar».

Ante cualquier conflicto que surja en torno a ellos, Mata Chacón hace hincapié en algo fundamental: «Crear opciones que nazcan de la sencillez. Cada uno de los miembros de la pareja debe reconocerse como el único capacitado para resolver el problema; sólo ellos, respetando ciertas pautas, van a conseguir resolver la situación». Y –como los demás especialistas consultados– hace hincapié en la comunicación: «No hablo de comunicación en la que 'dos personas hablen' sin más, hablo de una cultura comunicativa de la que deben ser conscientes, de una comunicación tomada como nexo fuerte entre ellos».


7. Limites con las familias Soluciones a los 7 conflictos más comunes

Suegros, familia política y propia son sinónimos de problemas, críticas e incluso de inercias conductuales que, aunque se repudien y rechacen, se repiten inconscientemente. Para evitar estos conflictos, la psicóloga Eugenia Bolufer acude al manejo de las habilidades sociales: «Hemos de ser conscientes: no todas las personas nos pueden agradar ni ser grandes amigos nuestros, pero sí podemos convivir con respeto y cordialidad. Discutir no significa pelearse, sino saber negociar para no imponer ninguna opinión, sino llegar a acuerdos.

Si tenemos a la vista un encuentro familiar y nuestra pareja demuestra un apego muy grande, hay que intentar ponerse en su lugar, comprenderle y ver a qué obedece su comportamiento ». Pero no por eso hemos de dejar de ser asertivos. Cuando estemos tranquilos, en casa, podemos conversar: «Contarle qué nos sucede, qué sentimos cuando él actúa de esa forma que tanto nos choca, pero siempre haciéndole saber que lo respetamos».

¿Y con nuestra familia? Hay que saber 'ser adultos', «nuestros familiares nos conocen hasta el punto que nosotros queremos, debemos poner en práctica nuestras habilidades sociales, hacerles partícipes sólo de lo que queremos». Por eso, no vamos a ser 'peores' hermanos o hijos. Se trata de escoger qué información compartir y cuál es mejor omitir, para evitar enfrentamientos o malentendidos que sólo pueden mermar la relación.
Y además…
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carlos mario escobar  - me parece   |2009-05-15 23:45:23
me parece que falta un poco mas de alluda paralas personas solucionar sus
problemas pero esta buena la ayuda
greisi bohorquez  - esta bueno   |2009-06-11 16:25:01
grasias a los que isieron esto por que es una ayuda mas para ntros muchas
grasias a todos
HERMENCIA SARMIENTO  - TIPIFICACION DE CONFLICTOS   |2010-01-28 18:43:10
CARACTERISTICAS DIFERENCIALES Y RELACIONADAS
Anónimo   |2010-02-17 23:02:47
es muy buen
argumento
angie morales  - conflictos mas comunes   |2010-04-06 01:03:27
y cuales son
nely  - fasinante   |2010-04-20 19:17:50
como asesora de familia me paresen muy acertatados los conceptos y me serande
gran ayuda.les recomiendo dos exelentes libros secretos de la dicha conyugal de
nancy van pel y apesar de nuestras diferencias me asaria de nuevo contigo del
doctor fernando zabala
candy tatiana  - lespentacular   |2010-06-15 23:04:52
q muy chevere los comflicto pero tienen q hacer otras cosas mejores
Elena  - www.fineandyou.es   |2013-10-18 14:40:06
Yo al final tuve que pedir ayuda a profesionales porque mi pareja y yo
necesitábamos algo más que consejos, aunque los que dáis aquí son muy muy
buenos.Pudimos realizar una muy buena terapia de pareja gracias a
www.fineandyou.es
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